
Sin embargo, fue cuando dijeron que se hospedaban en el hotel Mandarin Oriental, cuando esta gente les empezó a tomar en serio. En Hong Kong, las cosas importantes suceden en el Mandarin.

Sin duda, la atención del servicio asiático es suprema. Siempre atentos, siempre amables. Por esos tienen tan buena fama cadenas top como Mandarin (que acaba de abrir en BCN de mano de la familia andorrana Reig), Shangri-La y Península.
Cuando preguntas a los banqueros y asesores occidentales sobre las oportunidades en Asia siempre te hablan de todos los países menos China. Curioso. Por ejemplo, ICG tiene presencia prácticamente en toda Asia, pero la mayor parte de sus inversiones están en Australia.
Hoy ha sido diferente. En la reunión que era con un “local” (un chino), sólo hemos hablado de China. Da la sensación que realmente las buenas oportunidades se quedan en un círculo muy cerrado, muy local. Se las llevan las influyentes familias y grupos industriales chinos. Y por otro lado, las oportunidades menos buenas son las que salen a los inversores extranjeros; las que ve todo el mundo.
Decir “mi fondo invierte en China” es demasiado genérico. No te puedes comer un elefante entero. Te empachas. Hay que tener una estrategia definida: “vamos a centrarnos en la pata derecha”.
Necesariamente tienes que tener un ángulo singular y específico para invertir con éxito en China. Si no – probablemente – pierdas hasta la camisa, como le pasó al fondo de capital riesgo del libro de Mr. China. Invirtieron $500 millones de forma genérica y los perdieron en su totalidad.
Sólo tras un buen rato hablando de temas genéricos y haberle contado varias ideas, la conversación entró en un nivel más concreto. La importancia de las relaciones personales, conocerse desde hace tiempo; vamos el ángulo personal tiene una importancia básica, si cabe más, que en otras culturas.
Dos reglas de oro para China: “everything is possible” y “nothing is easy”.